Me moriré satisfecho si…

Francisco Olavarría Ramos
2 min readFeb 28, 2023

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Cada artículo es un desafío. No repetirme o ser irrelevante son los objetivos que me propongo, pero no siempre lo consigo. Ya no quiero presionarme y sí darle expresión a lo que surja de mi mente inquieta, aglutinadora de saberes que aprendí de personas con muchos años de vida. Si puedo presumir de algo fue de haber elegido con tino esas fuentes que hoy celebro, y a ellas quiero dedicarles mi existencia y este texto.

En el discurrir de la vida nos hemos construido a base de las observaciones y las críticas de los demás y, por ello, mi propuesta, o mi activismo, ha sido contribuir a un reseteo sobre la edad y sus negativas relaciones. No sé si lo lograré, pero mi contribución ha calado, al menos en mi entorno de influencia, con grandes aliados, como mis compañeros del ámbito de la comunicación, generalista y especializada, que me han ayudado a expandir el mensaje, y que es justo reconocer, llevaban décadas trabajando en esta línea antes de que yo me hubiese alistado a este movimiento del amor al prójimo.

La carta universal de derechos humanos exige que todos los miembros de la sociedad sean tratados como individuos únicos, sin prejuicios, como el que es causa de mis enfados, el edadismo, para que todos disfrutemos de una vida longeva sin burlas, maltrato o escasez de medios. En torno a las personas mayores, y especialmente el referido a las mujeres y al hecho mismo de envejecer, se le han asignado valores negativos, en su mayoría sin fundamento, y de los que la juventud y otras personas más adultas –con intención o sin ella– se sirven para negar oportunidades y derechos.

El edadismo, que es así como en castellano hemos nombrado esta injusticia, lo hemos aprendido sin cuestionamiento durante demasiado tiempo. Sin esa mirada crítica se hace difícil identificarlo y deshacerse de todos esos aprendizajes que les han hecho creer que el envejecimiento es un proceso sinónimo de enfermedad o que las personas mayores estorban, no tienen capacidad para aprender y no pueden emprender nuevos proyectos empresariales u amorosos.

Al igual que el género, la discapacidad, la orientación sexual, la etnia, la confesión religiosa, la cultura o el idioma son parte de la riqueza de que se sirve la antropología, la edad también tiene que ser un dato para poner en valor, y si conseguimos ese reseteo entre todos, me moriré satisfecho.

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Francisco Olavarría Ramos

Licenciado en Marketing y Comunicación. Emprendedor social con formación en gerontología y discapacidad. Autor del manual didáctico ‘El micro-edadismo’